Los Cánones de Diseño Cultura Griega.

Los Cánones de Diseño Cultura Griega.

Tanto en la escultura como en la pintura, el pueblo griego se define por su deseo de representar al ser humano como en realidad era, dándole una ilusión de vida a cada una de sus creaciones. Por ello no podemos evitar  asombrarnos al ver estas hermosas esculturas de mármol o bronce, las cuales reproducen con increíble exactitud todo el aspecto exterior del hombre.

Para el griego, el cuerpo humano es el de un hermoso animal, fuerte y ágil; el desnudo se idealiza y se impone como una necesidad de belleza.

El realismo, relegado antiguamente a las clases inferiores, se apodera de todo el arte, en parte debido a la menor importancia que estos le dan a las categorías sociales.

Se dan más retratos y se insiste en los detalles de cada modelo, las diferencias de edad, sexo y raza. La mujer invade el arte y sus formas son graciosas y elegantes. Admiran el cuerpo de los atletas,  sin embargo, en vez de virilizar a las mujeres y niños, afeminan a los dioses jóvenes brindándoles belleza y fragilidad.

Sin embargo, se había tenido que pasar por un largo proceso para llegar allí.

Los ídolos de marfil encontrados en las tumbas del Dipilón de Atenas y las toscas estatuillas  de arcilla en forma de campana de Beocia, son las obras más antiguas de la plática griega.  Parecen bastante simples cuando vemos que los egeos ya sabían reproducir el cuerpo humano con destreza y atrevimiento, tanto en la estatuaria de bulto como en el dibujo y el relieve. Aparentemente, la invasión dórica sumió de nuevo el arte en su forma nativa, haciéndolo retroceder miles de años, llevándolo de nuevo al punto en el que se encontraban los hombres neolíticos.

El cuerpo vuelve a ser una representación más que una copia exacta y para ello no hacen falta actitudes complicadas y detalles precisos, basta con evocar una idea.

Aún se aplica la ley de la frontalidad, la cual obliga al escultor a trabajar las estatuas para ser vistas únicamente de frente, darle al cuerpo una actitud rígida, no hay flexión, torsión o ninguna inclinación del tronco en el plano vertical.  Debido a esto, les era imposible animar la estatua y reproducir las varias deformaciones que el movimiento le da al cuerpo. La figura inmóvil continúa siendo tan solo un ideograma o abstracción geométrica.  Se conservan todas las antiguas características como los gestos inexpresivos, dejar caer los brazos contra las piernas o cruzados sobre el pecho; no se sabe aún adoptar una actitud natural o un acto diferente. El artista aún no era capaz de imponer su voluntad sobre la materia rebelde y termina siendo esta la que domina su trabajo. Con el tiempo, el uso del bronce introduce ligeras variantes, permitiendo mayor libertad que el mármol en los gestos.

La figura humana se representa mayormente de dos formas: la del hombre joven casi siempre desnudo con la pierna izquierda adelantada, brazos pegados al cuerpo o se adelantan un poco, en la mayoría de los casos sin ninguna pertenencia y tiene el puño cerrado.  Y la mujer vestida, sus brazos caen inertes o levantan con una mano los pliegues de su vestido sosteniendo en la otra una ofrenda. Estos son los dos tipos predilectos que el artista repite hasta el final del siglo VI, que se realizan muchas veces debido a su facilidad para adaptarse de maneras diferentes, ya que el hombre puede ser tanto un dios como un difunto o un fiel, y la mujer, una diosa o una adoradora.

De ahí se dan dos tipos que hoy se denominan como los Kuroi (‘’los jóvenes’’) y las Cores (las jóvenes’’).

En esta época, el dibujo sí se adelanta a la plática debido a que no tiene que vencer las mismas dificultades técnicas, ya que es más sencillo trazar en una superficie plana las actitudes y movimientos que representarlas en materia difícil de manejar. Sin embargo igual está sujeto a ciertas convenciones universales que le impiden una reproducción exacta de la realidad, como el hecho de que cada parte debe representarse en su aspecto más característico, ya sea de lado o de frente. Aún así el dibujo es más claro y fácil de hacer; esta es la razón por la cual en los relieves y pinturas, hasta el fin del siglo VI, rara vez se dan situaciones de gran dinámica. La estatua concebida para ser vista de frente, solo puede representar el cuerpo humano en reposo, el movimiento es impedido por la frontalidad.

Más adelante, se definen dos tipos de estatua: la estatua exenta, la cual es concebida de frente y en reposo o en acción a manera de proyección. Y la estatuaria de movimiento, sometida a las leyes del dibujo. En ella se basan durante todo el arte griego, los artistas que gustan de las actitudes violentas o de combates.

El movimiento de la estatua exenta, es sin embargo una innovación del arte griego, no aparece en Egipto y Mesopotamia más que en los relieves y pinturas, pero sus estatuas no logran nunca librarse de la rigidez de la frontalidad.

Ninguno intenta, como los griegos, reproducir la variedad de actos de la vida real. Sin duda las estatuas son frontales, pero es en los detalles de la musculatura que se comprueba el deseo de acercarse más a la realidad.

A fines del siglo VI, se renuncia a las viejas leyes de la frontalidad, dándose cuenta de que en la naturaleza no existen estos cuerpos rígidos; que la línea del cuerpo rara vez es vertical, sino que se curva, que el cuerpo no reposa sobre las dos piernas y que la cabeza no está siempre de frente al espectador.

El artista griego es el único de la Antigüedad que ha roto la frontalidad. Se observa sobre todo en los cuerpos masculinos desnudos pero también bajo el vestido femenino.

Ahora, a pesar de la nueva libertad, el artista se preocupa por establecer una relación rítmica entre los movimientos de los brazos y las piernas. Esto se convierte en una norma: en cada lado del cuerpo, los movimientos del brazo y de la pierna se oponen, se contrabalancean de manera que, para hallar una correspondencia hay que buscarla diagonalmente.

El tronco se mueve en todos los sentidos, según las necesidades del asunto y los gestos de los brazos y de las piernas, modificando su apariencia en otro tiempo tan uniforme.

El centro de gravedad se desplaza; los pies antes sostenían el cuerpo, ahora el peso puede ser apoyado por un elemento exterior.

En esta misma época, el dibujo adquiere el conocimiento del escorzo, consecuencia del mismo deseo de reproducir la realidad tal y como es gracias  a la observación.

Los helenísticos no introducen tantas innovaciones en las posiciones del cuerpo humano, pero si gustaban de las actitudes complicadas, ritmos difíciles que ofrecían grandes problemas de estética y musculatura. Se desea representar la complejidad de la vida e incluso rechaza a veces las reglas con respecto a las extremidades ya que no se apega a la naturaleza y promueve la rigidez.

Los griegos estudian la anatomía como artistas y no como científicos, se da la apreciación de la estética de los miembros. El artista estudia la visión del cuerpo vivo y las costumbres de los grandes maestros y sus estudios sobre los cánones o proporciones. Los escultores se convierten en los principales autores de los progresos de la anatomía.

Sin embargo, el artista debe resolver ciertos problemas, tales como el hecho de que al principio se tendía a omitir detalles que ahora son considerados esenciales, como boca, nariz, piernas o brazos; pero que resultan inútiles si la figura resulta reconocible sin estos.  Más tarde, esto se corrige, pero además se debe colocar cada detalle en su lugar apropiado; durante mucho tiempo, el artista coloca con frecuencia cosas como los pectorales o las orejas demasiado altos. Además hay que dar el la magnitud exacta y que esté proporcionada a las demás partes del cuerpo. En el dibujo y la escultura, en muchas ocasiones el ojo es enorme y el cuello desmesurado.

Igualmente se le debe dar a cada parte su forma exacta, en vez del esquema geométrico al que antes estaban sometidos.

Se hace presente el ritmo o la euritmia, que consiste en la impresión estética que le da al espectador la exacta unión de las partes con el todo.

A partir de los comienzos del siglo V, se desean representar las diferencias de musculatura según la edad, rango social y el individuo.

Pero son los helenísticos los que definen las diferencias anatómicas entre los sexos, edades, condiciones sociales, intelectuales y morales; tampoco temen representar los defectos fisiológicos.

Durante el siglo V el are había sido idealista con el cuerpo humano, pero al llagar el siglo VI, los helenísticos trajeron mayor diversidad y conocimiento de la anatomía.

Otro aspecto cambiante es la primera preferencia del canon que mostraba una figura extremadamente delgada y luego la llegada de otro que prefiere las formas cortas y rechonchas que dan una impresión más de fuerza que de elegancia.

En conclusión, los griegos eran un pueblo cuyo arte era la glorificación del cuerpo humano, inclinándose enteramente al realismo durante la época helenística. Entonces perciben las cosas sencillamente como son, incluso sin establecer en ellas ninguna distinción jerárquica; promoviendo la representación de lo accidental y momentáneo, de los sentimientos, edades y rasgos individuales.

El artista griego busca la verdad, el amor a la vida  que mueve al ser humano a distintas actitudes variadas  pero también a actitudes de reposo. Todos estos factores le permitieron al griego romper con las trabas que ataron a todas las demás culturas de la Antigüedad, poniendo las bases para el artista moderno.

Bibliografía:

  • La Enciclopedia Volumen 9, Du bellay estados unidos, Editorial Salvat    2004
  • La enciclopedia del estudiante, Tomo 09,  Historia del Arte, Editorial Santillana   2006
  • El Arte en Grecia, A. de Ridder, 2da Edición, UTEHA México 1961

Páginas de referencia:

  • http://www.ccsscastillodeluna.com/documentos/historiaarte2bach/9.temasarte.htm
  • http://www.edukativos.com
  • http://www.aloj.us.es/abduran/estilo%20doctorado/archivos/capitulo_3.htm#3.3

Acerca del investigador/a

Aura Sanchez Aura Sanchez, estudiante de artes plásticas de la Universidad de las Ciencias y el Arte de Costa Rica. Contacto: capricornio6_90@hotmail.com