La escultura en las culturas previas a Roma
Por Alberto J. V. Tenorio
Escultura etrusca
La escultura etrusca se caracteriza por el empleo sistemático del barro. Frente a la tradición griega, jamás utilizaron el mármol, pero, en algunos casos, emplearon piedras locales para la producción de bajorrelieves. También trabajaron el bronce, con técnicas análogas a las empleadas por los griegos, material que era utilizado, de forma casi exclusiva, para piezas de origen religioso y funerario. Apenas existen motivos de carácter profano, como los acontecimientos históricos o conmemorativos de carácter civil o deportivo.
La calidad escultórica, alcanza altos niveles durante los siglos Vl a.C., época en que la coroplastia (técnica de modelar el barro), destacan dos centros de producción, Caere y Veyes. En el primero, comprende tanto elementos de decoración arquitectónica (placas, antefijas y acróteras) como sarcófagos, entre los cuales destaca Los esposos (530-520 a.C.). Al taller de Veyes hay que atribuirle una de las mejores obras de coroplastia etrusca, el Apolo, en tamaño natural (f. s. Vl a.C.), que formaba parte de de un conjunto de esculturas descubiertas en un santuario de dicha localidad. Estas estatuas, excelentes ejemplos de la interpretación etrusca del estilo griego arcaico, fueron elaboradas para ser colocadas en viga cumbrera (columen) del templo. De las fuentes escritas parece deducirse, además, que artesanos de este taller trabajaron en Roma. Concretamente a Vulca, escultor de Veyes, se le atribuye la estatua de Júpiter venerada en el Capitolo, así como una estatua de Hércules. Del mismo modo, los artesanos de Veyes habrían realizado la escultura que representaba una cuadriga y que coronaba el vértice el vértice del frontón de dicho templo.
Aunque la escultura en bronce es mucho menos abundante, los ejemplos conservados proporcionan sobradas muestras de su calidad, como demuestra la obra titulada Loba Capitolina (primera mitad del siglo V a.C.) emblema de la capital italiana. De esta pieza, cabe señalar que los gemelos, Rómulo y Remo, amamantados por la loba, fueron realizados y añadidos en el renacimiento.
Influencias de la escultura griega
A lo largo del siglo V a.C. persistió la tradición arcaica , sin renovaciones significativas , y no se constata el peso de los modelos clásicos griegos hasta fines de esa centuria. Valgan como ejemplos la cabeza de Zeus (h.400 a.C.) , altorrelieve en terracota que formaba parte de la decoración del templo de Scasato de Faleri , o el Marte de Todi (400 a.C.) , autentica obra maestra en bronce .Ambos construyen buena prueba de la vinculacion con modelos griegos muy precisos , en este caso Fidias y Policleto , respectivamente . Otra obra singular de los años de trancision del siglo V al siglo IV a.C. es sin lugar a dudas la quimera de Arezzo , excelente muestra de que esta ciudad fue en esa época una importante producción de escultura de bronce . La penetración de formas griegas continuo manifestándose a lo largo del siglo IV a.C. , según atestiguan obras como los altorrelieves del templo de Scasato de Faleri , relacionados muy estrechamente con la obra de los escultores griegos Paxíteles y Escopas.
Una manifestación escultórica muy particular la constituyen unas urnas crematorias denominadas canopes, halladas en Chiusi .En su versión más antigua, dichas piezas presentan una cubierta en forma de cabeza humana, tratada con gran ingenuidades su intención de plasmar la semblanza humana del difunto. Durante el siglo Vl a.C., este tipo de urna evoluciona hacia la representación de la figura humana completa y el vaso asume, de modo muy esquematizado, los rasgos del cuerpo humano.
También en el ámbito del arte funerario se afirma el papel de la decoración en relieve de estelas, sipos, sarcófagos y urnas crematorias, sin olvidar las composiciones en las paredes de las tumbas con temas inspirados, prioritariamente, en la vida del difunto y en su viaje al más allá.
Escultura fenicia
La plástica fenicia refleja un complejo sincretismo estético en el que la influencia egipcia primero y la griega después son muy evidentes. Por lo que sabemos, no ha llegado a nuestros días un número considerable de escultura a gran tamaño y de bulto redondo labrada en piedra, circunstancia que motiva una serie de problemas de interpretación y de datación cronológica.
Las estatuas de gran tamaño son escasas en el arte fenicio; es mucho más frecuente la plástica menor, de terracota o de bronce, así como la talla en marfil o en gemas, donde se ha transmitido la mayor parte de su iconografía figurada; ya sea por la falta de materiales idóneos, por la menor preparación técnica o por la tendencia racial al rechazo de los ídolos, los fenicios casi no realizaron esculturas de tamaño natural y sólo en el relieve muy plano o en el grabado tuvieron un desarrollo ocasional. No obstante, en los casos en que se hizo necesaria la producción de esculturas, se recurrió a pueblos vecinos donde este arte estaba bien desarrollado.
A finales del siglo VIII a. C. se fecha una estatua acéfala y sin pies, de caliza (54 cm), localizada en Tiro, de disposición egipcia; presenta sobre su torso desnudo un amplio pectoral y su faldellín plisado termina con adornos de dos “uraei”, semejante a el torso colosal de Sarepta (1,44 m), labrado sobre un pilar cuadrado que hubo de servir como elemento arquitectónico.
Carácter también egiptizante, por el vestido y la rígida disposición tienen una serie de torsos masculinos hallados en un templo helenístico de Umm el-Amad. Adosados a un pilar, sirvieron como adornos de las jambas de acceso al templo. Algunos presentan inscripciones con dedicatorias a divinidades (Astarté, El, Osiris, etc.).
En el Templo de Eshmun en Sidón han aparecido una cabeza y un busto en caliza, del siglo VI a. C., de rasgos fenicios y con claras resonancias griegas arcaicas. De él también provienen estatuillas votivas de niños, en caliza, figuradas en variadas actitudes (jugando, de pie, en cuclillas), de claro estilo grequizante e influencias chipriotas, junto con inscripciones fenicias que permiten datarlas hacia finales del siglo VI a. C. o comienzos del V. Una de ellas (35 cm) presenta a un niño semiacostado, con rostro atento y pecho desnudo en el que se observa la flaccidez anatómica.
Dignas de interés son las estatuillas de caliza de Herakles-Melqart (26 cm), del siglo VII a. C., acéfala; una testa de esfinge (restan 40 cm; Museo del Louvre), del siglo IV a. C., procedente de Sidón, y una figurita femenina, amamantando a un niño (15,75 cm), acéfala, de muy tosca ejecución y fecha incierta.
Punto y aparte merecen los fragmentos de una estatua de Shesonq I (950-929 a. C.) hallada en Biblos, y el busto de arenisca de Orsokon I (929-893 a. C.), también hallado en la misma localidad, con la cartela de tal faraón y una inscripción del rey Elibaal de Biblos.
La coroplastia fenicia, de tipo funerario, cultural y votivo, ha proporcionado algunos ejemplares de notable calidad. Sean ejemplo de ello -y no podemos extendernos en su enumeración- una terracota de Biblos, con el tema del jinete armado (33,5 cm), las numerosas figurillas de mujeres, unas gestantes -las “pregnant women” de Sarepta, de tanto éxito posterior- y otras del tipo Astarté y de dioses, entre las que no podemos dejar de citar un magnífico Bes (21 cm), de gran calidad plástica y otras figuritas de divinidades de Kherayeb.
Algunos ejemplares de naiskoi y variadísimos protomos y máscaras -llevadas durante las ceremonias religiosas por sacerdotes o devotos- completan la plástica en arcilla.
Entre la animalística hay que destacar un león echado, de Biblos, trabajado en basalto (43 por 69 cm), de los siglos VI-IV a. C., de notable plasticidad y claro estilo egiptizante; presenta las patas delanteras curiosamente dispuestas una sobre otra y en una lleva grabado el motivo del tulipán, siguiendo la moda urartea. Finalmente, recordar las numerosísimas piezas en “frita” que representan perros, gatos, leonas, hipopótamos, monas, halladas en distintos lugares (un lote de 300 ejemplares en el Templo de los obeliscos), deudoras de influencias egipcias.
En Chipre, cuya plástica presenta muchos problemas de interpretación dado el complejo eclecticismo que aparece en sus obras, sus esculturas presentan sobre todo a partir del siglo VII a. C. influencias orientales y luego jónicas. Lo hasta ahora hallado consiste, en líneas generales, en figuras de nobles personajes tanto masculinos, barbados, tocados con bonetes orientales y vestidos con largas túnicas o faldellines egipcios, como femeninos, lujosamente ataviados. Sirvan como ejemplos el llamado Sacerdote fenicio de Chipre, con claras influencias egipcias y griegas a un tiempo; la Dama del vaso de caliza, calzada y vestida, y la Dama de Tricomo (1 m), de caliza, tocada con un rico kalathos floral y recubierta de finísima joyería.
Especial interés adquieren las “esculqart” fenicio y el Herakles griego; o la figura del Herakles-Melqart de Idalion, en caliza (44 cm; Museo del Louvre), del siglo V a. C. de muy buena labra. Por su significación religiosa debemos citar la multitud de estatuillas votivas, de procedencia popular, mostrando a diferentes dioses y diosas, y las que representaban a muchachos del templo, en realidad prostitutos sagrados que actuaban en ellos.
La coroplastia chipriota produjo muy pronto numerosas figurillas modeladas tanto a mano como a molde, siguiendo la moda de los talleres del sur de Fenicia, de donde se importaban tipologías. En Kition, Amatunte, Lapithos, Menico y otros enclaves coloniales han aparecido muchas y variadas terracotas de calidad desigual. Representan a devotos orantes, a tocadoras de tamboriles, a diosas desnudas tipo Astarté, a diosas con los brazos alzados (de clara influencia egea), a la “dea tyria gravida” o “pregnant woman”, antes citada (gestante y sentada sobre trono), a los dioses Bes, Ptah y Baal Hammon y a figurillas -llamadas impropiamente- tipo muñeco de nieve, de pequeño tamaño.
Debemos citar algunos lampadarios que recogen figuras femeninas y masculinas y a las típicas terracotas figurando los naiskoi o templos diminutos, que suelen contar con alguna figura humana asomada a su ventana o puerta.
En el santuario de Marion se descubrió una estatuilla femenina que representaba el prototipo, de aquellas que aparecerían en el Occidente púnico en forma de campana.
Sarcófagos
Aparte de algunas figuras aisladas de material y factura muy diversa, el gran conjunto de la escultura fenicia está formado por los sarcófagos que se pusieron de moda en Sidón a comienzos del siglo V a. C.; es una faceta en la que se aprecia bien el modo de pensar de esta cultura y su facilidad para integrar elementos ajenos.
Tabnit y Eshmunazar, dos soberanos de Sidón, fueron posiblemente los primeros en sentirse atraídos por la forma egipcia de enterramiento en sarcófagos, y por la creencia en que dentro de estas enormes cajas de piedra con silueta humana, el espíritu podía volver siempre a encontrar los restos de su existencia material y reconocerse en los rasgos labrados en la tapadera, como habían pensado en Egipto durante milenios. Para ello, Tabnit encargó hacerse traer un sarcófago de basalto negro, que había pertenecido a un alto dignatario egipcio, y le añadió su propia inscripción. Eshmunazar se enterró en otro sarcófago similar, pero que parece haber sido labrado ya para él; sobre la tapa hay una inscripción fenicia que previene a los posibles saqueadores de que no podrán encontrar en su interior ningún tipo de riquezas, sino sólo la maldición que perseguirá a quien se atreva a molestar su descanso.
Poco después, muchos personajes sidonios imitaron a los reyes con sarcófagos egiptizantes, mientras que otros buscaron, en las islas griegas cercanas, talleres que fabricaran obras semejantes pero con mármol de Paros y en su estilo propio. Durante el siglo V a. C., los sarcófagos mantuvieron la forma antropoide egipcia, aunque los rasgos del personaje respondieran al arte griego, y en el siglo siguiente, se inclinó el gusto hacia los sarcófagos de tipo helenístico, en forma de caja rectangular con cubierta a dos aguas y decoración en relieve.
Conclusión
Como ya hemos visto en otras culturas antiguas, es inevitable al influencia de una sobre otra para crear una identidad particular. En el caso de estas culturas el sincretismo que se cruzo en medio de sus creaciones artísticas, fusión de Egipto y Grecia, dieron como resultado una manifestación que sería base del arte romano.
Obras como la Loba Capitolia, son la cara de la capital del imperio romano, Roma. Sin embargo a pesar de que obras como estas son tan importantes en este imperio, sus huellas fueron fuertemente borradas por las guerras entre estos y los romanos.
Sin embargo la médula que encontró el arte romano en los Fenicios y en sus diferentes ciudades y en los Etruscos son innegables.
Bibliografía
Instituto Gallach: Historia del Arte, vol. 1. Grupo editorial Océano, Barcelona, España.1998.
http://www.artehistoria.jcyl.es/arte/contextos/2394.htm
Soy Alberto Tenorio, estudiante de la carrera de Artes Plásticas puras de la Universidad de las Ciencias y el Arte de Costa Rica. Mi formación previa la realicé en la Universidad de Costa Rica y en la Universidad Nacional a través de varios cursos tomados en dichas instituciones.
Estoy dedicado a la pintura y al dibujo como actividad extra a mi trabajo oficial y estoy sumamente interesado en la ilustración artística y en la historia; en particular siento gran fascinación por el arte precolombino de America.
En este momento me encuentro desarrollando una propuesta para ser exhibida en el mes de enero del próximo año. Contacto: ajvtenorio@gmail.com