La escultura en las civilizaciones Mesopotámicas
Por Alberto J. V. Tenorio
Adentrándose en Mesopotamia:
Las civilizaciones Mesopotámicas.
La antigua Mesopotamia era una amplia región del Próximo Oriente, situada entre los valles de los ríos Tigris y Éufrates. Su nombre se debe a que los griegos la determinaron “país entre ríos”. Esta región se extendía desde el actual Golfo Pérsico, en Irak, hasta Turquía y el norte de Siria. Carecía de límites geográficos precisos: en el noroeste las llanuras se adentraban en Siria, en el sudoeste se prolongaban hasta el desierto de Arabia y en el este la región enlazaba con las bastas extensiones de Persia.
Esta falta de barreras de protección determinaría incursiones constantes de pueblos nómadas. Por este mismo motivo no puede hablarse de un arte propiamente de un arte mesopotámico uniforme, sino que cada una de las distintas civilizaciones que florecieron en el inmenso valle fértil y también en sus regiones vecinas desarrollaron un arte propio y original. La antigua Mesopotamia, denominada también “creciente fértil”, fue una de las cunas de las llamadas Revolución Neolítica. Esta extensa región abarca dos zonas bien diferenciadas, la Baja Mesopotamia o Caldea, poblada por sumerios y acadios, y la Alta Mesopotamia o Asiria, país montañoso poblado por pueblos guerreros, los asirios.
La escultura en las civilizaciones Mesopotámicas
Los principios escultóricos
El arte de Mesopotamia se crea a partir de un concepto del mundo que hace del hombre un ser humilde, sometido a los designios divinos. La uniformidad que caracteriza toda la escultura mesopotámica se deriva de la función práctica y en las representaciones se adoptarán unos esquemas que prevalecerán en la base de toda la estatuaria. La figura es el doble de un modelo al que sustituye. Este debe de estar bien individualizado. Esto no aplica que las formas sean fieles al modelo ya que lo que confiere individualidad a la estatua es la inscripción del nombre sobre ella y no los rasgos que producen miméticamente la realidad. Las estatuas son por lo general imágenes votivas en ruego permanente hacia los dioses. Tiene un sentido mágico porque adquieren vida propia y forman parte de una realidad perenne. Así, las de los reyes y los gobernadores tenían como función venerar a los dioses, ser las intercesoras entre le mundo divino y el humano para solicitar una vida mejor. Si además tienen una oración inscrita sobre el cuerpo, la petición de ayuda será eterna. La escasez de materia prima, piedra y madera, hizo que su uso en escultura fuese limitado. La estatuas nunca alcanzaron dimensiones colosales.
La representación humana
La escultura mesopotámica responde a la necesidad de reafirmar la presencia de la figura en el espacio para situarla ante los dioses. No se capta, por lo tanto, un momento de acción pasajero. Esta concepción se materializa en una estatua bloque, inmóvil, que aparece atrapada en la masa pétrea. Los rasgos más importantes se reducen a formas esquemáticas y los volúmenes que se crean para acentuar la tridimensionalidad. Las masas se distribuyen alrededor de un eje axila en perfecta simetría. La estatua se plasma en una figura geométrica, semejante a un cilindro o un cono, ala que el cuerpo se adapta. Estas formas confieren unidad a las figuras y las hacen homogéneas.
Las estatuas son siempre individuales: figuras aisladas que suelen estar siempre de pie o sentadas, inmóviles o con un pie adelantado. Los pies son muy robustos y se presentan paralelos sobre una base circular. Los brazos se presentan a lo largo del tronco o, lo que es más habitual, apoyados sobre el pecho con las manos cruzadas. Los miembros dispuestos de esta forma, acentúan la redondez de la masa trapezoidal que predomina. Abundan las representaciones masculinas. Las figuras femeninas en cambio, son menos frecuentes y de menor calidad.
La plasmación de la cabeza
Puesto que las estatuas están destinas a sustituir al orante, la cabeza es la protagonista absoluta de la figura, ya que esta es la parte más característica de una persona. La cabeza, gracias a los rasgos del rostro, expresa la personalidad. Al cuerpo no se le presta demasiada atención, sirve en realidad de pedestal para colocar encima la cabeza. El rostro tiene un tratamiento plástico esmerado, regido por unas convenciones que uniformizan los modelos y no permiten reconocer a individuos concretos. Los ojos tiene la cornea de concha marina y el iris de lapislázuli o betún, colocados sobre una cuenca de brea. El efecto que produce el efecto es de unos ojos enormes, casi desorbitados, implorantes y aterrados. Son además ojos inquietantes, debido a la ausencia de parpados. La mirada adquiere la máxima importancia ya que a través de ella el devoto muestra el ruego. Las cejas se incrustan con lapislázuli; la boca esta cerrada y el pelo simplificado en formas geométricas; el semblante adopta una expresión seria, severa, un tanto rígida. Los rasgos étnicos están perfectamente diferenciados en la formas. Estas son robustas y algo achaparradas en el tipo sumerio; presenta además una cabeza grande y afeitada y nariz aguileña; otras son más estilizadas y tienen una barba larga con cabello rizado, de tipo semilla.
Rígidas indumentarias y ausencia de anatomía
El arte mesopotámico no se forjó bajo el concepto que no busca un ideal de belleza en el cuerpo humano, pese a que las formas responden a un cierto canon. En Mesopotamia, el cuerpo humano no se representa desnudo, excepto durante el periodo protodinástico, en el que la desnudez era la condición indispensable para presentarse ante un dios.
Se intento por lo tanto, plasmar la belleza a través de los volúmenes, a diferencia de Egipto, que expreso la eternidad y la belleza a través de las formas. En Mesopotamia la tendencia era ocultar el cuerpo bajo rígidas indumentarias, así las formas aparecen ataviadas con largos faldones de lana o túnicas, que se adaptan al esquema geométrico, acentuando el esquema geométrico, acentuando la silueta cilíndrica. En la primera dinastía y el periodo de Gudea, las estatuas tenían los brazos descubiertos, e incluso en muchas ocasiones el toso.
Más tarde en periodo Asirio, los cuerpo quedan totalmente ocultos por vestidos que anulan cualquier insinuación anatómica.
La excepción en el uso de estas convenciones se produce en esculturas de cobre (mediados del ll milenio a.C.), que servía de pedestal para las ofrendas. En ellas la figura se desprende del pesado ropaje para representarse desnuda en composiciones escultóricas realizadas con la factura más libre y audaz.
La representación de animales y seres híbridos
Desde la época protodinástica son muy frecuentes las representaciones zoomórficas. Estas esculturas no están limitadas por una convención estricta como la de la figura humana. Las representaciones animales son la más fiel a la naturaleza y goza de una libertad expresiva que contrata con la figura humana. En las representaciones animales no se pretende que las representaciones sustituyan a la realidad. Se puede, por lo tanto, llegar a plasmar lo anecdótico captar un instante concreto, en definitiva, un cierto dinamismo o expresión del movimiento.
Se creo también un bestiario lleno de seres imaginarios sin ninguna relación con la realidad. Todas las formas que tienen que ver con lo sobrenatural reproducen formas monstruosas y fantásticas, que mixturan rasgos humanos y animales, una figura híbrida.
La representación de seres fantásticos se ha interpretado en relación con la necesidad humana de apropiarse de atributos animales, a fin de establecer comunicación con los poderes de la naturaleza. Esta tradición, original de Mesopotamia se transmitió a Egipto y también al Mediterráneo Oriental, perpetuándose hasta el arte medieval europeo.
Hay dos tipologías en concretas: una la fusión de dos animales, que simboliza el máximo poder, como el águila con cabeza de leona (Diosa Indumug/ lll milenio a.C.). El otro tipo, la fusión humano-animal, como el “hombre-pez”, “hombre-escorpión”, o el “hombre-toro”, que simbolizan espíritus protectores, guardianes del hombre frente a lo maligno. Muchas se dispusieron en las puertas de los palacios asirios en altorrelieves de piedra.
La escultura de Sumer y Acad
En las piezas procedentes del templo de Tell Asmar, se acentúan los volúmenes inscritos en cilindros o triángulos, como las faldas que son conos lisos, o los torsos, semejantes a triángulos, con antebrazos también cónicos incluso los rasgos de la cabeza (nariz, boca, orejas y pelo) se reducen en formas triangulares. El estilo de los talleres de mari se caracteriza por describir los pormenores de la figura con un tratamiento que recuerda las delicadas incisiones en la arcilla blanda y por la creación de unos volúmenes dúctiles. Este efecto plástico se consigue mediante el cincelado de los detalles. De este modo el rostro plasma unos labios sonrientes y el mentón esta diferenciado Todos los detalles se describen a la perfección, sobre todo en la indumentaria, que consiste en unos faldones de lana de cordero, con los vellones, cincelados de uno en uno o los mechones de la barba incisos con la punta risada primorosamente. Los brazos están moldeados suavemente, insinuando la musculatura. En general las formas han perdido dureza y muestran una tendencia hacia la redondez.
Durante el periodo acadio se produce un cambio de orientación en el arte ya que el interés se centra en reafirmar la monarquía más que en manifestar la devoción hacia las divinidades. No obstante se mantienen las tradiciones sumerias, pero han quedado escasas muestras y no se pueden establecer demasiadas comparaciones. Una cabeza de broce que corresponde a el Rey Sargón ll de Acad, con característicos rasgos semíticos (larga barba rizada y pelo recogido en un moño, se trata de un verdadero retrato en don de se han abandonado las geometrías sumerias, para representar las características del rostro: nariz aguileña, labios perfectamente perfilados y ojos inscritos en la orbita ocular. La barba también esta perfectamente definida.
Las estatuas de Gudea
A finales del lll milenio a.C., la ciudad de Lagash (actual Tello), conoció un periodo de gran actividad artística que ha legado una de las tendencias más sobrias de toda la escultura de la antigüedad. Son las piezas que no tendrían continuidad en etapas posteriores, lo que las hace aún más valiosas. En esta época dominada por el caos del dominio Guti, el emperador Gudea reconstruyó los templos de Gudea e impulsó el arte. Se conservan una treintena de sus estatuas, elaborados en roca volcánica, diorita en su gran mayoría y cuidadosamente pulidas, destinadas al templo del dios Ningirsu, en una actitud de plegaria. Las inscripciones del manto reúnen algunas ruegos: “Soy el pastor amado por mi rey, ojalá que mi vida sea prolongada”, todas con una misma posición, sentadas o de pie, con las manos cruzadas sobre el pecho o sujetando un vaso manante, cubiertas con un manto y en algunos casos la cabeza cubierta por un turbante decorado con espirales. La expresión del rostro, serena y fuerte.
La escultura semita
La invasión semita por parte de pueblos amorreos provenientes del oeste, generó un arte sintético, basado en la tradición sumeria existente. Las estatuas conocidas provienen de la ciudad de Mari, que tuvo su máximo esplendor durante esta época, bajo el impulso de la actividad comercial. Son representaciones de gobernadores (con rasgos propios de las etnias semíticas) provisto de larga barba y cabellera, como la figura de Ishtup-ilum. Posee un tratamiento similar al de Gudea, con un manto rígido y oculta toda insinuación anatómica, el detalle se encuentra concentrado en la barba.
Otra de las figuras es la del gobernador Puzur-Ishatar, combina la sobriedad de algunas partes del cuerpo con la riqueza ornamental de la túnica.
De la etapa del dominio babilónico no se han conservado piezas de gran tamaño, si embargo una cabeza que se conserva en el Museo de Louvre, se ha interpretado como una representación del rey Hammurabi en el que contrata las incisiones sueltas en el bigote con la rigidez de la barba, plasmada de un modo muy convencional. Los periodos posteriores no se muestran grandes aportes , pues tanto los elamitas como los elamitas usaron una mayor profusión de otros medios expresivos como el barrio cocido y vidriado o también el bronce.
La escultura asiria
Los asirios emplearon la decoración en bajorrelieves, pero apenas utilizaron escultura exenta. Son registro de los triunfos en batallas guerreras. Las pocas esculturas de soberanos asirios no poseen personalidad, y se reducen a formas cilíndricas en el que se destacan las vestiduras y los emblemas reales, como la estatua de Asurnasirpal ll
Los iamassu asirios guardianes de los templos
Los asirios flanqueaban las puertas de sus palacios de sus templos con los denominados iamassu, son figuras zoomorfas con cabeza humana. Consisten en cuerpos en relieve de bulto redondo, no existe separación entre la figura y la piedra. Conectados con el mundo exterior a través de la mirada imponiendo su presencia colosal. (
En la cabeza portan una tiara con la cornamenta símbolo de la divinidad. Su función: la custodia de la entrada del palacio. El toro esta asociado con la divinidad Sin, el cual fertiliza la tierra con sus rayos nocturnos y la barba esta asociada con la inteligencia.
Los relieves
Usado desde la protohistoria con una función narrativa. Presentan una gran de arquetipos con diferentes formulas iconográficas, algunas muestran escenas simbólicas como banquetes (Celebración de la boda entre Tamuz e Inanna) o hazañas de guerra de los primeros héroes míticos. Sus convenciones formales son muy similares a las que rigen el relieve egipcio. Se conjugan cada una de las partes del cuerpo que resultan más expresivas, alternando puntos de vista frente y perfil.
Cada figura se representa aislada que se establecen de acuerdo con la categoría social del individuo. No hay perspectiva. Se organizan en frisos horizontales superpuestos, separados por líneas. En las primeras épocas sumerias se representan con gran vitalidad a través del movimiento. Las figuras del fondo actúan como un plano neutro. En este periodo se labraba las figuras en bulto, cosa que posteriormente no se continuo. Se impulso el bajorrelieve con figuras incisas.
Placas perforadas
Se Trata de placas votivas de forma cuadrangular, con un orificio central y decoración en relieve. Los temas son las ceremonias rituales con función religiosa, representado en una única escena o dividido en dos episodios por bandas desiguales. La función del agujero central no esta clara, se ha interpretado como la parte sobre el que descansa el báculo o bastón ritual, también la forma de eliminar la sangre de los sacrificios o de eliminar el agua sagrada, en el caso que formara parte de masa de sacrificio.
Estelas conmemorativas
Se crean con la función de reflejar las luchas de poder entre las ciudades, los cuales son de carácter conmemorativo.
Se trata de losas de piedras de diferentes dimensiones rodeadas en la parte superior de inscripciones de temática histórica o religiosa. Cargadas de una gran cantidad de símbolos para representar la intervención divina en las hazañas de los reyes. Por lo general se labraran en sus dos caras con escenas separadas por bandas. El relieve destaca ante todo por el rigor narrativo.
En el periodo acadio se mantiene esta producción con la tradición sumeria pero se incorpora figuras estilizadas que reflejan un mayor dinamismo. Se utiliza el recurso de la “escena culminante” en la que se expresa y resume todo en un acontecimiento único (estela del rey Naram –Sim)
El código de Hammurabi
En la época babilónica se prolongo la tradición de usar estas estelas para soporte de inscripción de leyes. El código de Hammurabi es la única que se conserva. De más de dos metros contiene doscientas ochenta y dos leyes inscritas en veinte columnas y en parte superior al rey Hammurabi presentándose ante el dios Sol, Shamash. La escena recuerda la escena bíblica en que Yhavé entrega las tablas de la ley a Moises. La montaña que plasma el perfil de la estela es de carácter divino y convierte a las leyes en un legado de los dioses, confirmándose el poder y la autoridad real.
El relieve asirio
Desde la época sumeria, el relieve se había a la narración visual de hechos y fue el medio de expresión elegido por los asirios para plasmar una intención completamente nueva: intentar representar un acontecimiento preciso en un tiempo concreto.
Apenas hay lugar para el simbolismo ya que el interés se centra en mostrar con verosimilitud que otorga el detalle, la realidad, genero que evolucionará hasta las manifestaciones maduras del siglo IX y VIII a.C. Los reyes asirios adoptaron el obelisco egipcio como una superficie de “propaganda política”. El relieve es casi plano con los detalles incisos y sin perspectiva.
Los ortostatos asirios
Asiria se convirtió en el siglo VIII a.C. en un poderoso imperio con diferentes capitales, en cuyos palacios si incluyeron relieves grabados sobre losas de piedra, ortostatos, que cubren la parte interior de las habitaciones ceremoniales. Estos que son de origen hitita fueron transformados en murales a gran escala con el fin de proporcionar un fuerte impacto visual.
Documentos líticos
Estos ortostatos son en realidad documentos que registran las acciones bélicas y cinegéticas de los reyes, dos de los temas principales representados. Hay numerosas inscripciones que añaden comentarios a los acontecimientos y complementan la narración. Las escenas suelen estar divididas en dos registros de bandas horizontales en las que se insertan las inscripciones.
Cuando la escena es única y de grandes dimensiones, las inscripciones se yuxtaponen, inclusive se superponen a las figuras.
Otros temas habituales son simbólicos, como el culto al árbol sagrado; momentos de la vida cotidiana, los asuntos míticos, caracterizados por la uniformidad y el alejamiento del gesto humano.
Para los ortostatos se emplearon piedras calcáreas y de alabastro, que por su ductibilidad permitían cincelar detalles de la indumentaria y la ornamentación; el color se aplicaba en tintas planas, que cubría las figuras y daba un efecto brillante. Además, una combinación de trazos profundos con volúmenes, que resaltan y dan mayor expresividad. Los fondos son lisos y con incisiones. No existe la profundidad espacial. Las figuras e indumentaria se trata con gran detalle, aunque no así los rostros. La decisión de representar el momento más violento de la escena aumenta el dramatismo.
La glíptica en Mesopotamia
Los sellos eran motivos decorativos tallados sobre una superficie de piedra (lapislázuli, esteatita). Estos se deslizan sobre arcilla blanda para dejar la impronta marca. Se formaban así secuencias sobre un fondo neutro, que podía ser de temas muy variados (figurativos, abstractos u ornamentales). En el principio los sellos se utilizaron para proteger los recipientes de las ofrendas. Servían de amuletos e indicaban la propiedad del contenido.
Los primeros tienen una superficie plana, pero a finales del lV milenio a.C., esta forma se sustituyo por un sello de tipo cilíndrico, que graba sobra una superficie curva. Estos servían como firmas en todo tipo de documentos.
Al principio (lV milenio a.C) las representaciones se distribuían libremente, pero pronto se organizaron las composiciones ordenadas con figuras de dioses antropomorfos, a los que se les incorporaba figuras de animales y plantas con tendencia geométrica. Esta es la base de la composición mural.
En los sellos sumerios los motivos eran banquetes rituales, héroes legendarios como Gilmanesh y su amigo Enkidu luchando con figuras antropomorfas hombre-toro. Posteriormente surge el “estilo brocado” con tendencias a la ornamentación que dará lugar al friso interrumpido con la presencia de plantas y animales enfrentados. También se añaden formas abstractas y antropomorfas.
A partir del periodo acadio hay un mayor dinamismo y por primera vez aparecen dioses con formas humanas, estos luchando con demonios. Durante la época neosumeria se popularizo la figura del orante ante la divinidad entronizada y desaparece la variedad temática.
Amputando identidades
Reflexión sobre la destrucción y el saqueo en Irak
Quise en esta parte, y a modo de reflexión, frente a los días que estuve inmerso en este recuento acerca de la escultura mesopotámica, hablar de la tragedia o el terrorismo moderno en contra de la historia, la cultura y la humanidad, que se ha venido cometiendo en lo que era Mesopotamia, hoy parte, situado en Irak.
Después de leer el artículo de Andrew Lawler, sobre la destrucción que trajo consigo la Guerra del Golfo en 1991, la intervención militar de los E.E.U.U., el desmantelamiento de museos, el saqueo, el tráfico de obras de arte, entre otros hechos; además de la imposibilidad de miles de personas en este país, de luchar por conservar este gran pedazo de nosotros mismos que se encierra en esta nación.
El nuevo terrorismo es el que borra de la memoria la identidad de los pueblos, que toma el pasado como si fuera un órgano, lo amputa y lo desaparece, bajo escombros o bajo el precio de unos cuantos miles de dólares, para una colección privada, para unos cuantos privilegiados.
Ya en este momento la tragedia tomo su clímax, ya los protagonistas han sido violentados, esparcidos, vendidos, borrados, destruidos y una serie increíblemente larga de adjetivos que podemos agregar a esta lista.
Pero lo más importante a resaltar, es aquello que quedó bajo el velo del pasado, lo que no se descubrió, ese aporte de la extinta Mesopotamia que no alcanzamos a conocer, y por tanto, le robo al presente la posibilidad de cambiar y enriquecerse culturalmente.
No podemos de ninguna manera permitir esa intensa insistencia del nuevo imperialismo, que por las buenas o por las malas toma a un país y le borra su pasado. Sin las culturas mesopotámicas, sin este pasado, perdemos una invaluable pieza que no es precisamente la que esta en un museo expuesta, sino en nuestra mente y en nuestra forma de entender esta parte de la historia. Al sacar piezas de este inmenso mar cultural, se van perdiendo identidades, se crean individuos sin valores y sin sentido de pertenencia. ¿Qué será de las nuevas generaciones de niños iraquíes que nacen en un país doblegado y sin pasado?; ¿Qué será de la cultura sin estos conocimiento, sin el espejo al pasado, sin este reflejo?.¿En qué nos pretenden convertir?
El “Espejo enterrado”, como se titula el libro de Carlos Fuentes, nos habla de culturas, de imperios que se han creado a partir de las bases de otros, de identidades forjadas en las cenizas de sus ancestros. Y: ¿Qué nos queda ahora sin Mesopotamia?, ¿qué será de esta nueva cultura sin pasado?
En estas alturas de la historia no podemos pretender empezar a construir un nuevo mundo sin raíces; exactamente seriamos como la planta que crece en suelo de alta dureza o sobre roca, que el viento fácilmente se lleva.
Es tan fácil morar en el pasado, porque el hoy es producto de una construcción antigua, pero sin este pasado: ¿Pretendemos que el presente continúe? Se aprende de los errores, pero: ¿Por qué borrar los registros de estos?
Bibliografía
Instituto Gallach: Historia del Arte, vol. 1. Grupo editorial Océano, Barcelona, España.1998.
Lawler, Andrew: Más allá del saqueo. ¿Qué pasara con los tesoros de Irak? National Geographic en español, Vasco de Quiroga, México, D.F., octubre, 2003.
Imágenes:
http://es.wikipedia.org/wiki/Mesopotamia
http://www.monografias.com/trabajos18/arte-mesopotamia/arte-mesopotamia.shtml#escul
http://arteolmos.blogspot.com/2006/10/escultura-mesopotmica.htm
Soy Alberto Tenorio, estudiante de la carrera de Artes Plásticas puras de la Universidad de las Ciencias y el Arte de Costa Rica. Mi formación previa la realicé en la Universidad de Costa Rica y en la Universidad Nacional a través de varios cursos tomados en dichas instituciones.
Estoy dedicado a la pintura y al dibujo como actividad extra a mi trabajo oficial y estoy sumamente interesado en la ilustración artística y en la historia; en particular siento gran fascinación por el arte precolombino de America.
En este momento me encuentro desarrollando una propuesta para ser exhibida en el mes de enero del próximo año. Contacto: ajvtenorio@gmail.com
bastante amplia la investigacion,
esta muy buena la pagina
Demasiadas gracias por el comentario, espero que te sea de bastante utilidad.