Arquitectura Etrusca, Fenicia y Cartagos

Arquitectura Etrusca, Fenicia y Cartagos

Etruscos

Mapa que muestra la extensión de la civilización etrusca y la dodecápolis.

Los etruscos fueron un pueblo de la antigüedad cuyo núcleo geográfico fue la Toscana, a la cual dieron su nombre. Eran llamados Τυρσηνοί, tyrsenoi, o Τυρρηνοί, tyrrhenoi, por los griegos y tusci, o luego etrusci, por los romanos; ellos se denominaban a sí mismos rasena o rašna.

Desde la Toscana se extendieron por el sur hacia el Lacio y la parte septentrional de la Campania, en donde chocaron con las colonias griegas; hacia el norte de la península itálica ocuparon la zona alrededor del valle del río Po, en la actual región de Lombardía.

Llegaron a ser una gran potencia naval en el Mediterráneo Occidental, lo cual les permitió establecer factorías en Cerdeña y Córcega. Sin embargo, hacia el siglo V a. C. comenzó a deteriorarse fuertemente su poderío, en gran medida al tener que afrontar casi al mismo tiempo las invasiones de los celtas y los ataques de griegos y cartagineses. Su derrota definitiva, por los romanos, se vio facilitada por tales enfrentamientos y por el hecho de que los etruscos nunca formaron un estado sólidamente unificado sino una especie de débil confederación de ciudades de mediano tamaño.

En cierto modo predecesora de Roma y heredera del mundo helénico, su cultura (fueron destacadísimos orfebres, así como innovadores constructores navales) y sus técnicas militares superiores hicieron de este pueblo el dueño del norte y centro de la Península Itálica desde el siglo VIII a. C. hasta la llegada de Roma. Hacia el 40 a. C., Etruria (nombre del país de los etruscos) perdió su independencia y se convirtió en una provincia del Imperio Romano (con todo, la presencia etrusca fue siempre destacada, hasta el punto de que los últimos tres reyes de Roma fueron etruscos).

Los orígenes de los etruscos nunca han estado claros. Se pueden destacar cuatro teorías al respecto:

  1. La teoría orientalista, propuesta por Heródoto, que cree que los etruscos llegaron desde Lidia hacia el siglo XIII a. C. Para demostrarlo se basa en las supuestas características orientales de su religión y costumbres, así como en que se trataba de una civilización muy original y evolucionada, comparada con sus vecinos.
  2. La teoría de autoctonía, propuesta por Dionisio de Halicarnaso, que consideraba a los etruscos como oriundos de la Península Itálica. Para argumentarlo, esta teoría explica que no hay indicios de que se haya desarrollado la civilización etrusca en otros lugares y que el estrato lingüístico es mediterráneo y no oriental.
  3. Teoría de un origen “nórdico”, defendida por muchos a finales del s. XIX y primera mitad del s. XX; se basa sólo en la similitud de su autodenominación (rasena) con la denominación que los romanos dieron a ciertos pueblos celtas que habitaban al norte de los Alpes, en lo que actualmente es el Este de Suiza y Oeste de Austria: los ræthii o réticos, tal origen supuesto sólo en parofonías está ya descartado.
  4. La teoría actualmente más fundamentada viene a ser, en cierto modo, una mezcla de la de Heródoto y la de Dionisio de Halicarnaso: habla de emigrantes orientales influidos por los nativos, o nativos influidos por comerciantes del este. Se considera, por varios rasgos culturales (por ejemplo, el alfabeto), un fuerte influjo cultural derivado de alguna migración procedente desde el suroeste de Anatolia. Tal influjo cultural se habría extendido sobre pueblos autóctonos ubicados en lo que actualmente es la Toscana.

Introducción a la arquitectura Etrusca

Una de sus principales aportaciones de la arquitectura etrusca al mundo occidental posterior es la búsqueda de verismo en sus manifestaciones. Por ejemplo, las tumbas se construyen a imitación de las casas.

La arquitectura etrusca lega al mundo romano una serie de características urbanísticas, arquitectónicas y artísticas muy importantes:

  • Forma de concebir las ciudades: la manera de realizarlas, la forma de las murallas, las puertas, su sistema de saneamiento, etc.
  • Disposición y forma de los templos.
  • Los mausoleos romanos derivan de los túmulos etruscos.
  • El uso del arco y la bóveda.

Las murallas ciclópeas de Vetulonia.

Los etruscos, pobladores de la antigua Etruria (centro de Italia, entre los ríos Tíber y Arno) a quienes los griegos llamaban tirrenos y que probablemente descendían de los pelasgos o heteos, cultivaron el arte de forma simultánea a los dorios y tal vez, con anterioridad a los mismos pues ya desde unos diez siglos antes de Cristo se hallaba el pueblo organizado.

En las construcciones de viviendas se utilizaba el adobe, con estructura de madera y revestimiento de barro cocido y en los templos la piedra. Conocían el arco de medio punto, la bóveda de cañón, y la cúpula, elementos que utilizaron –entre otras cosas– para la construcción de puentes. También construyeron canales para drenar las zonas bajas, levantaron murallas defensivas de piedra pero, sobre todo, destacó la arquitectura funeraria, en forma de impresionantes hipogeos. Los templos estaban inspirados en el modelo griego, aunque presentaban notables diferencias: solían ser más pequeños, de planta cuadrangular, cerrados, sin peristilo, sólo con una hilera de columnas del orden llamado “toscano” a modo de los pronaos griegos, y el altar estaba sobre un foso llamado por los latinos mundus -limpiadero, purificador- (la palabra quizás es de origen etrusco), es decir, un orificio que, simbólicamente, serviría para arrojar los restos de los sacrificios.

Características de la arquitectura etrusca

El material empleado por la arquitectura etrusca fue piedra de mala calidad, especialmente como refuerzo (en basamentos, ángulos, etc.) y no utilizan el mármol. También emplean la madera, especialmente para las cubiertas. Además usan el ladrillo cocido y el tapial.

Aunque en la arquitectura etrusca se usan formas adinteladas, emplearon de forma mayoritaria el arco y la bóveda.

La columna es el soporte preferido y es bastante sencilla, sin partes fijas. Tiene relación con la dórica y dará lugar a la columna toscana. Los capitales no tienen forma definida, sino que se realizan con libertad. Tienen equino, ábaco y plintio, basa con gran toro y el fuste es liso.

Frecuentemente, los templos estuvieron recubiertos de placas de terracota. También emplearon la policromía.

Elementos constructivos

Además de varias construcciones ciclópeas a ellos atribuidas, se sabe que importaron de Oriente y usaron en los edificios el arco de medio punto, la bóveda perfecta. Estos elementos arquitectónicos llegaron a los romanos precisamente a través de los etruscos.

Los etruscos que bien pudieron establecerse, inicialmente, en el norte de Grecia para, más tarde, huir a Italia con motivo de la invasión de los Dorios, o que procediendo de donde procediesen, se establecen en Etruria, aprendieron de los griegos las técnicas y formas básicas de la construcción micénica e imitaron en sus construcciones los tres órdenes.

La arquitectura etrusca, siempre menos elegante y menos genial que la griega, tiene una gran influencia en el mundo romano, especialmente en lo que se refiere a la forma de concebir las ciudades, la disposición y forma de los templos, el uso del arco y la bóveda y la construcción de mausoleos. No utilizan materiales nobles como el mármol, sino piedras de baja calidad en refuerzos, madera, ladrillo y tapial. Sus construcciones emplean el arco y la bóveda con la columna sobre soporte, formando el orden toscano, orden que tiene relación con el dórico.

Esquema del orden toscano, según Vignola.

Los componentes de dicho orden toscano son:

  • Columna lisa y disminuida de catorce módulos, con su basa y capitel.
  • Capiteles más sencillos que los dóricos.
  • Carece de triglifos, mútulos y dentículos y de todo adorno que fuera moldura lisa.
  • La columna descansa sobre un pedestal que tienen de elevación una tercera parte que aquélla.

No se conocen más que escasos restos de este orden y sólo se han hallado en el centro de Italia (en Vulci y Alba Fucense) pero se conocen sus proporciones por los libros de Arquitectura escritos por Vitruvio.

No existen edificios etruscos propiamente dichos si no son algunos muros y alguna puerta como la de Perusa y de los restos de tumbas, como las de Castel D’Asso. Pero se han descubierto multitud de galerías subterráneas o criptas funerarias como las de Corneto, Volterra, Cervetere, etc. que, a veces, tienen su cubierta de falsa cúpula y revelan grande reminiscencias egipcias y micenaicas. De ellas y de otros lugares de Etruria se han extraído numerosos objetos de cerámica y orfebrería que guardan los museos y en los cuales se advierte poderosa la inspiración griega ya de Asia ya de Europa. Por los dibujos que se pueden ver en algunas vasijas etruscas, consta que daba entrada a sus templos un pórtico de los llamados in antis, como los primitivos pórticos griegos. En Roma, se conservan todavía como primera construcción de los etruscos la célebre Cloaca maxima, conducto abovedado que data de la época de Tarquino Prisco (siglo VI a. C.)

En diversos museos arqueológicos se hallan magníficas urnas cinerarias y grandes sarcófagos de piedra o de barro cocido, con notables relieves de labor etrusca y semejantes a los sarcófagos romanos. Se distingue de éstos en que la tapa del sarcófago etrusco suele llevar la imagen del difunto en gran relieve o en estatua verdadera pero siempre en actitud recostada. A veces, no obstante, se presenta la tapa en forma de tejado.

Las ciudades. Urbanismo y arquitectura civil

Urbanismo

La ciudad etrusca era cuadrangular, estaba dividida en cuadrículas y rodeada por una muralla que tenía puertas principales de entrada que se abrían entre dos torreones mediante arco de medio punto y que daban a las dos calles más importantes que se cruzaban. La calle que se extendía de norte a sur se denominaba Cardo y la que cortaba perpendicularmente a ésta por medio se llama Decumano. Posiblemente esta estructura de la ciudad etrusca sea heredera de los planos de campamentos militares.

De la arquitectura civil casi todo se ha perdido, pero se saben algunas cosas gracias a la excavación de la ciudad de Marzabotto, al suroeste de Bolonia, que fue fundada hacia el 500 a.C.

La ciudad etrusca era cuadrangular, estaba dividida en cuadrículas y rodeada por una muralla que tenía puertas principales de entrada que daban a las dos calles más importantes que se cruzaban.

Las puertas de la ciudad etrusca eran sencillas. Se abrían entre dos torreones mediante arco de medio punto en el que había genios como dioses protectores en la clave y en las almenas. La muralla estaba hecha de piedra colocada a hueso.

Las casas eran muy simples, similares a chozas circulares fabricadas con tapial y cubiertas por ramas.

Este modelo de vivienda varió en el siglo VIII, pasando las casas a ser cuadrangulares, morfología que heredó posteriormente Roma. Se conocen principalmente por ciertas urnas funerarias que se hacían imitándolas.

Estas viviendas tenían un patio central alrededor del cual se construían las habitaciones. Había una única puerta de entrada. El patio tenía un impluvium en el centro y la cubierta era a cuatro vertientes hacia el interior. Otra variedad era el despluvium, con la cubierta con cuatro vertientes hacia el exterior. Las tejas de la cubierta eran planas y las columnas estaban realizadas con materiales pobres o de madera.

Vivienda

Las casas eran muy simples, similares a chozas circulares fabricadas con tapial y cubiertas por ramas. Este modelo de vivienda varió en el Siglo VIII a. C., pasando las casas a ser cuadrangulares, morfología que heredó posteriormente Roma. Se hacían de madera y de adobe y más tarde de morrillos de toba. Podían tener hasta dos pisos. Las estructuras de madera de las casas más ricas de la Antigüedad se protegían de la humedad por placas de terracota pintadas de colores vivos. Inicialmente, la aristocracia vivía en casas de tres partes, a veces precedidas de un pórtico que daba a un patio. Más tarde construyeron grandes residencias (domus) con un patio central, según el estilo griego. Alrededor del patio se construían las habitaciones. El patio tenía un impluvium en el centro y la cubierta era a cuatro vertientes hacia el interior. Otra variedad era el despluvium, con la cubierta con cuatro vertientes hacia el exterior.

Templos

Ruinas de un templo en Volsinies (Orvieto).

Dado que se construían con materiales perecederos, han llegado hasta la época moderna pocos sólo unos pocos testimonios de la arquitectura religiosa etrusca en general y de los templos en particular. Las informaciones que se tienen de ellos provienen de los textos de Vitruvio, que los clasificaba bajo un nuevo orden, el toscano. Sólo a través de documentos de la época romana, pues, puede intentar reconstruirse el modo en que se hacían.

Los templos etruscos estaban situados fuera de las ciudades, en lugares elevados. Eran grandes edificios, casi cuadrados. Se construían en una explanada que fuera un lugar elevado. En un principio, era un lugar abierto delimitado simbólicamente donde los augures leían el vuelo de los pájaros.

Más tarde, los templos etruscos se cubrieron. Eran cuadrangulares y estaban formados por una cella, que en algunas ocasiones se hace triple. Este será el tipo más característico. Se construyen sobre un basamento de piedra y todo lo demás estaba realizado con material pobre revestido por placas de cerámica policromada que no nos han llegado.

Para acceder a él, había una escalinata en la parte delantera. A continuación, había columnas formando un vestíbulo o atrio. A veces también había columnas en los laterales pero en ningún caso en la parte trasera. La estructura era adintelada y al exterior se muestra a doble vertiente. La cubrición es única para las tres cellas, pese a que la central es más ancha. También había frontón, donde se colocaron esculturas de terracotas a partir del s.VI.

Los templos eran grandes edificios casi cuadrados. Se alzaban sobre un basamento o podio de piedra. Estaban destinados a no verse más que de frente, único lugar por el que se accedía, a través de una escalinata, en lugar de mediante un crepidoma perimetral. La superficie del templo se dividía en dos zonas:

  • El pórtico in antis con columnas; es la parte antecedente o pronao, con ocho columnas dispuestas en dos filas de cuatro. A veces había columnas en los laterales de la cella pero en ningún caso en su parte trasera.
  • La parte posterior, con una cella, que en algunas ocasiones se hace triple, recordando la creencia en una tríada de dioses, dedicándose cada celle a una divinidad en particular.

La estructura era adintelada. La cubrición a doble vertiente, es única para las tres cellas, pese a que la central es más ancha, diferenciándose del griego por la falta de krepis, la ausencia de proporciones, la triple cella y la falta del pórtico trasero.

Frecuentemente, los templos estuvieron recubiertos de placas de terracota. Tanto la techumbre como el frontón se decoraban con policromía. Un ejemplo de decoración es la cabeza de Górgona en el templo de Portonaccio en Veyes, actualmente conservado en Villa Giulia (Roma). A veces se colocaba sobre la techumbre grandes estatuas de bulto redondo, también pintadas.

Caballos alados etruscos, realizados en terracota (siglo IV a. C.). Decoraban la fachada del templo de Ara della Regina, en Tarquinia. Actualmente se encuentran en el Museo Nazionale Tarquinese.

A diferencia de los templos griegos y egipcios, que fueron cambiando con la evolución de la civilización que los originó, los templos etruscos permanecieron sustancialmente siempre iguales a lo largo de los siglos, quizá a causa del hecho de que en la mentalidad etrusca no eran la morada terrena de la divinidad, sino un lugar en el que reunirse para rezar a los dioses y confiar en que éstos escuchen.

Era frecuente llevar ofrendas a los templos, consistentes en general en estatuillas votivas en terracota o bronce, o bien animales para el sacrificio, como corderos o cabras.

Así pues, el templo etrusco se diferencia del griego también por la falta de krepis, la ausencia de proporciones, la triple cella y la falta de pórtico trasero.

La arquitectura funeraria (necrópolis)

Las tumbas etruscas están bien conservadas, al haber sido construidas en piedra. Generalmente se ubicaban en las afueras de las murallas ciudadanas, pero con orientación paralela al cardo y al decumano. Existe una clasificación de la arquitectura funeraria etrusca distinguiendo de hecho tres tipos de necrópolis o catacumbas: hipogeos, edículos y túmulos cubiertos por una falsa cúpula o bóveda, que son los más conocidos. Son famosas las de Tarquinia y Cerveteri.

Para la religión etrusca, el hombre, ser débil e insignificante en vida, en el más allá necesita un ambiente familiar en el que transcurra la vida después de la muerte, junto con sus objetos personales. Esto explica el cuidado con el que se construían las necrópolis, el hecho de que la pintura de este pueblo sea casi exclusivamente funeraria y que en las tumbas se hayan encontrado ricos ajuares, algunos de ellos provenientes de las colonias griegas del sur de Italia. Las paredes de las necrópolis se pintaban con vivos colores que contrastaban con la oscuridad, símbolo de la muerte espiritual. Así, las necrópolis etruscas son una fuente muy significativa, históricamente hablando, que permite conocer muchos aspectos de la vida cotidiana, de las creencias y de los ritos populares que hubiera sido imposible conocer analizando exclusivamente los textos escritos.

Durante la civilización etrusca existieron muchos tipos de enterramientos.

  • En la mayoría de los casos se trataba de urnas con cenizas.
  • Tumba de fosa o pozo: es el tipo más simple de enterramiento, para la gente más humilde. Consiste en un pozo excavado en el suelo cubierto por una lápida horizontal o con dos lápidas formando una especie de tejadillo.
  • Hipogeo: son cámaras excavadas en la roca, para gente más noble, y que aparecen ya a partir del siglo VI. Se imita el interior una casa y se cierra con una puerta, aunque muchas veces hay una falsa puerta. Estas tumbas muchas veces están situadas una junto a la otra formando calles y creando verdaderas ciudades. Cuando esto sucede son llamadas tumbas a dado.
  • Túmulo. Existieron en los siglos VII y VI. Fue el tipo de enterramiento más llamativo ya que había un túmulo de tierra hacia el exterior que podía tener hasta 40 metros de diámetro. No estaban alineados de forma tan clara como las tumbas a dado pero también crean ciudades. Estaban formados por un pasillo que llevaba a distintas cámaras. La cubierta era adintelada y a veces a doble vertiente, y en el interior había decoración en relieve para imitar el interior de una vivienda: pilastras, ventanas, bancos, sillas, etc. Encima, se ponía un tambor de piedra sobre el que iría la tierra que formaría el túmulo. A veces se colocaba algo encima, como un árbol.

Hipogeos

Urna crematoria policromada procedente del hipogeo de los Satna, siglos II-I a. C., actualmente se encuentra en el Museo Archeologico Nazionale dell’Umbria, en Perugia.

Se excavaban enteramente bajo tierra o eran conseguía ocupando cavidades naturales preexistentes, como grutas o caverna. De ellas, la más famosa es el Hipogeo de los volumnios, descubierta en el año 1840. Este tipo de catacumba estaba formado por un inclinado acceso de escalones, que llevaba directamente al atrio. Aquí había normalmente seis tumbas (o grupos de tumbas), unidos mediante estrechos corredores (en algunos casos se trataba de auténticos túneles). Se cree que la sepultura en hipogeos se reservaba a personas de cierto rango social, especialmente políticos, militares y sacerdotes.

Edículos

Se construían enteramente fuera de la tierra, pretendiendo ser templos en miniatura, pero que en la práctica eran muy parecidos a las habitaciones de los primeros asentamientos etruscos. En la simbología etrusca, era muy significativa la forma de templete: representaba el punto intermedio del viaje que el difunto debía realizar de la vida a la muerte, una especie de última etapa de la vida terrena. Entre ellos, hay que recordar el Bronzetto dell’Offerente, la mejor conservada, que se encuentra en Populonia.

Túmulos

Deben su nombre al hecho de que, una vez ejecutada la sepultura, se cubría con una pila de tierra, con el fin de crear una especie de colina artificial. Cada una de estas tumbas se articula, como los hipogeos, en diversas cámaras sepulcrales de dimensiones proporcionales a la riqueza y notoriedad del difunto o su familia. Generalmente eran de planta circular. Entre ellas hay que recordar la Tumba de los Relieves, en el interior de la necrópolis de la Banditaccia, cerca de Cerveteri.

FENICIOS Y CARTAGOS

Templo de Melkart en Sancti Petri

El territorio fenicio estaba ubicado en el actual Líbano y se componía de ciudades-estado. Las más importantes fueron Biblos, Beritos, Sidón y Tiro. Su expansión se debió a la búsqueda de materiales con los que comerciar -vidrio, tejidos purpurados, metales, y objetos ya manufacturados-. Se establecieron en Sicilia, norte de África y en la península Ibérica.

Se puede hablar de una precolonización desde el S. XII al VIII a.C. cuando consiguió su máximo esplendor colonizador.

Hacia el año 1.100 a.C., la ciudad fenicia de Tiro funda Gadir -Cádiz- y más tarde, en el año 814 a.C. Cartago. Por consiguente los Cartagineses son de origen y cultura fenicia. Estos, durente los S. VI a.C. y el III a.C. asumen gradualmente el control de todo el ámbito fenicio occidental.

Podemos distiguir dos zonas de influencia: una occidental centralizada en Cádiz, “Gadir” -significa ciudad amurallada- y otra oriental ubicada en las actuales provincias de Granada y Málaga, donde fundaron Malaca -Málaga-, Sexi -Almuñécar- y Abdera -Adra-.

El impacto de los fenicios, griegos y cartagineses

1.- Presencia fenicia y púnica en el ámbito itálico

-Alrededor del 800 los fenicios crearon colonias en Sicilia y el norte de África. Contacto con el mundo etrusco.
-Desde el año 574 Cartago sustituyó a Tiro en el control de las colonias fenicias del Mediterráneo. Creación de colonias púnicas en Sicilia y Cerdeña.

2.- Colonización griega de Etruria y Sicilia

-De mediados del VII a mediados del VI colonias griegas en el sur de Italia y costas orientales de Sicilia
-Fundación de Pitecusa y posteriormente Cumas por los calcidios hacia el 770
-Magna Grecia: Region, Trotona, Sisaris, Tarento…
-Sicilia: Siracusa, Selinunte, Gela…

La primera aportación elemental que hizo la civilización fenicia a Occidente fue la de su modelo urbano. El relato de la fundación de Cádiz, al igual que el de Cartago, muestra como propósito básico de la expedición el establecimiento de una ciudad que sirva como residencia a los colonos y para lugar de intercambio comercial; ello supone la fundación de un enclave litoral, con buenas posibilidades portuarias, en el que se instalen las viviendas de los comerciantes, los edificios de administración y almacenaje, y los talleres de transformación artesanal de determinadas materias primas; además, en un lugar elevado y preferente deben estar los templos de las divinidades tutelares de la nueva población, que son también un elemento esencial de valor simbólico y administrativo.

Estas ciudades fenicias se componen de un ámbito cerrado, contenido por murallas (Gadir significa ciudad cercada) y de instalaciones externas, especialmente industriales, así como de zonas específicas para enterramientos, verdaderas ciudades de los muertos, que deben influir en el abandono definitivo por las comunidades indígenas de la costumbre de conservar los cadáveres bajo el suelo de las propias viviendas. Los fenicios transformaron así un litoral, hasta entonces casi deshabitado, en un reguero de poblados, necrópolis y santuarios, que ocupaban los cabos, islas y desembocaduras de ríos.

La organización interior de las poblaciones es poco conocida, pero podemos suponerle un estilo bien definido, ya que Estrabón, pocos años antes del inicio de la Era cristiana, decía que era fácil diferenciar el aspecto fenicio de Malaca (Málaga), de la traza griega que aún manifestaban las ruinas cercanas de Mainake. Las poblaciones fenicias de la costa española, de las que conocemos algún rasgo de evolución urbanística, muestran una notable actividad de renovaciones. En Toscanos, el emporio fenicio de la desembocadura del río Vélez, al este de Málaga, se observan cinco transformaciones en siglo y medio, es decir, una por generación, a veces con cambios radicales del trazado de calles; las viviendas son rectangulares con habitaciones pequeñas, pero hay también un almacén de tres naves largas y un foso defensivo, que llegó después a transformarse en muralla de sillares.

Las pocas casas fenicias excavadas muestran un apiñamiento de habitaciones, sin patios ni calles amplias, de lo que resultaría una fisonomía parecida a la de muchos pueblos costeros andaluces o ibicencos; se distinguirían como una agrupación escalonada de volúmenes cúbicos, con terrazas superpuestas en las que habría macetones de plantas y con muros habitualmente encalados; destacando aquí o allá, como se representa en los relieves asirios, habría pequeñas torrecillas y miradores, desde los que se podría divisar la llegada de las embarcaciones, por el estilo de los que volvieron a renacer en Cádiz en la Edad Moderna.

La construcción fenicia tenía bien desarrolladas las técnicas para hacer puertos, diques y murallas. Se trataba de unos conocimientos imprescindibles en la actividad de comercio marítimo, que debían transmitir los propios navegantes y que se basaban en el empleo de instrumentos de medición, en el uso de una geometría elemental y en la construcción a base de sillería ortogonal. La aparición de estos progresos es un buen indicio de la presencia fenicia o de su influencia sobre poblaciones locales; los más viejos edificios españoles de piedra escuadrada están precisamente en el litoral colonizado por los fenicios, de modo que ellos deben ser considerados los introductores de la arquitectura regular.
Toscanos y el resto de los enclaves de la costa de Málaga ofrecen algunos edificios con alternancia de sillares y mampostería, pero los más antiguos conocidos están en Huelva y Niebla. El edificio de Huelva, que se considera parte de la muralla del Cabezo de San Pedro, ofrece dos lienzos de mampostería de lajas de pizarra separados por un machón de sillería caliza con cinco hiladas alternadas a soga y tizón; parece que este muro es del siglo IX a. C., y en esa fecha no hay nada en la cultura indígena que pueda comparársela, pero sí se dan muros semejantes en Megiddo y en Tiro, de donde tuvo que venir el experto en cantería que inspiró esta obra.

El uso combinado de sillares y piedras menudas sin escuadrar se conoce también en Niebla en forma de muros entrecruzados con esquinas o machones intermedios de sillares y la mampostería dispuesta por hiladas de la misma altura de los sillares, que a veces se traban con éstos; son obras de ejecución muy cuidadosa en las que ya se observan sillares con las aristas bien alisadas para permitir su alineación recta y las caras labradas de forma irregular, como luego es bien frecuente en la arquitectura romana. Si Huelva es el gran puerto de la desembocadura del Odiel, Niebla cumple un papel similar en el Tinto, lo que explica que ambas poblaciones conserven viejos testimonios de la influencia fenicia, sin que pueda decirse con certeza de que se trate sólo de poblados tartésicos o de verdaderas colonias fenicias.

En el Mediterráneo central, tanto en Cartago como en Sicilia, las construcciones de este tipo se consideran como estrictamente fenicias, y su técnica se denomina opera a telaio (obra de telar), por la semejanza con las estructuras de los telares de madera, aunque nosotros podríamos llamarlas muros entramados, como los de madera y tapial que alternan sus materiales de la misma forma en la arquitectura tradicional de buena parte de la Meseta española.

Los restos arquitectónicos son escasos, debido a la superposición de construcciones más modernas. En concreto de la Gadir fenicia es muy poco lo que sabemos.

  • Restos en Cádiz -Gadir-. La fundación de esta ciudad fenicia data del año 1.100 a. C. -Estrabón y Veleyo Patérculo-. Actualmente no disponemos de grandes restos arquitectónicos, solo sabemos que están bajo la actual ciudad de Cádiz. Su ubicación se debió a la cercanía de las minas de plata y oro, metales que necesitaban para el continuo comercio con Oriente.Los restos más importantes son cámaras funerarias de grandes sillares encontradas en los actuales astilleros, dentro de las cuales aparecieron los mejores sarcófagos de fabricación fenicia -S V a.C.-.Son de resaltar las ruinas del Templo de Melkart, situado en la Isla de Sancti Petri y los restos del canal fenicio.
  • Yacimiento de Torre de Doña Blanca, en Puerto de Santa María, Cádiz. FICHA BÁSICA
  • Yacimiento de Morro de Mezquitilla, en Algarrobo, Málaga. Yacimiento Fenicio del S. VIII a. C. Las excavaciones nos han descubierto un gran número de viviendas en varias fases constructivas con las carcterísticas fenicias: paredes enfoscadas de adobe, suelos de arcilla y planta rectangular.
  • Yacimiento de Chorreras, en Algarrobo, Málaga. Cercano a el Morro de Mezquitilla, es habitado a principios del S. VIII a.C. Sus viviendas son de paredes de adobe con enfoscado rojizo al exterior y blanco amarillento en el interior. Tienen planta rectangular y están delimitadas por calles o callejones. Un número apreciable disponía de horno, posiblemente para la fundición de metales o la cocción de cerámica. En su perímetro tenía una muralla.
  • Yacimiento de Toscanos, en Vélez-Málaga, Málaga. Es un asentamiento fenicio del S.VIII a.C. Está situado en una colina a la orilla del río Vélez.Primeramente se urbaniza de tal menera que las viviendas se orientan a una calle, esto es, una calle y a ambos lados las casas. Estas son de planta rectangular, cimentación de piedra y paredes de adobe, y cubierta vegetal pintada de rojo. El poblado está rodeado de muralla y foso. Actualmente están excavados, además de las viviendas, un almacén de dos pisos y parte de un puerto.Fue abandonado en el S. IV a.C.
  • El poblado de Sant Jaume-Mas d’en Serra en Alcanar, (Tarragona), situado en lo alto de una meseta, está fortificado. Se data entre el final del S. VII a.C. y el S. VI a.C. La viviendas están construidas con piedra de tamaño medio, algo trabajadas y ligadas con un mortero de arcilla y cuñas. Estaban enfoscadas con arcilla y enlucidas con cal.

Las necrópolis, asociadas a estas ciudades, también son un importante exponente arquitectónico del mundo fenicio, las más importantes son:

Tumba de Trayamar

  • Necrópolis de Toscanos, en Vélez-Málaga, Málaga. Con muchos y variados tipos de enterramiento, siendo el más habitual la fosa con una laja de piedra.
  • Necrópolis de Trayamar en Algarrobo, Málaga. Se construyeron al menos cinco tumbas de grandes dimensiones pero solo una está en buenas condiciones. Está constituida por un pequeño corredor de acceso inclinado -dromos-, y una cámara -hipogeo- funeraria de fábrica de sillares de piedra. Este conjunto funerario es, posiblemente, el más importante de los fenicios en el Mediterráneo occidental. Está asociado al poblado de Morro de Mezquitilla, datado en el S. VII a.C. En el Museo Arqueológico Provincial de Málaga hay una reconstrucción de la tumba.
  • Necrópolis de Almuñecar, en Málaga.- Con más de 20 tumbas de planta circular, que, en general, tienen uno o dos nichos en un lateral.

Debemos hacer un capítulo especial para la colonización fenicia de la isla de Ibiza, ya que los últimos yacimientos de Isla plana, La caleta y Puig des Molins datan la ciudad -Eivissa- antes de su fundación cartaginense -Ebusus-.

  • Necrópolis de Puig des Molins en Ibiza. Asociado a la ciudad fenicia de Eivissa. Data del S VI a.C. y siguió utilizándose como cementerio hasta el S.V con la dominación romana. Es una gran necrópolis con más de 3.000 enterramientos en hipogeos.

La posterior colonización de los cartagineses, de origen fenicio, también puede considerarse conquista, ya que, aunque el fin fue económico y comercial, los medios para conseguirlo en muchos casos fueron militares. Las ciudades además de puertos mercantiles eran centros militares para el control del Mediterráneo; así fundaron Cartagena -Carthago Nova- y colonizaron la antigua Ibiza -Eivissa-.

Es de nombrar la histórica conquista de Sagunto, ciudad aliada de Roma, por Aníbal en 218 a.C. que desata la Segunda guerra púnica. Su presencia se extendió desde el S.VI a.C. hasta su derrota en la segunda guerra púnica contra los romanos, en el III a.C.

Podemos nombrar como restos arqueológicos de esta época:

  • Ciudad de Qart-Hadasch o Carthago Nova, en Cartagena, Murcia.
  • Baria, en Villaricos, Almería. Los restos que nos quedan son tanto del poblado como de las necrópolis. Posiblemente la ubicación de esta población vino dada por la proximidad de minas y la tradicional industria de los salazones de la zona. También hay restos anteriores, fenicios y posteriores, romanos.La necrópolis viene definida por la forma de enterramiento: inhumación o incineración.Las inhumaciones se realizan excavando tumbas en piedra, construyendo cámaras funerarias y, por último, en sarcófagos. Para las incineraciones se excavan pozos rectangulares donde se coloca en un lado la urna y enfrente su ajuar.

Ciudad Romana de Carthago Nova (actual Cartagena)

La ciudad cartaginense de “Quart Hadast” fue conquistada por los romanos en el año 209 a.C. siendo rebautizada como Carthago Nova y desde entonces se convirtió en una de las poblaciones más importantes de la Hispania romano, compitiendo en importancia, incluso, con Tarraco en la Tarraconense.

En ello jugó un importante papel la situación privilegiada de Carthago Nova en la costa del Mediterráneo y su ubicación en una especie de península con una laguna en su entrada que permitía una defensa relativamente fácil.

Las excavaciones arqueológicas del casco antiguo de Cartagena han sacado a la luz numerosos restos de distinta importancia.

Posiblemente la más valiosa de estas joyas arqueológicas romanas de la antigua Carthago Nova es su teatro romano, descubierto en el año 1988 cuando se pretendió construir en su solar el Centro Regional de Artesanía.
Gracias a los trabajos de recuperación acometidos en estas dos décadas se ha podido recuperar gran parte de las gradas junto a la orquesta y otras dependencias del Bajo Imperio (siglos IV y V) adosadas.

Desgraciadamente, del anfiteatro romano los restos apreciables son más fragmentarios y modificados al haberse aprovechado el lugar para la construcción de la plaza de toros.

Bien afamada es, también, la Casa de la Fortuna, casa romana que ha sido acondicionada para la exposición y museo.

Además de la conformación de los muros y dependencias, lo más destacado son los mosaicos de sus suelos y algunas excelentes pinturas al fresco que decoraban sus paredes.

El Augusteum se corresponde con restos de edificios de un complejo perteneciente al foro de Carthago Nova y también se ha acondicionado como exposición visitable.

Acerca del investigador/a

Elena Quesada Álvarez Elena Quesada, estudiante de artes plásticas de la Universidad de las Ciencias y el Arte de Costa Rica. Estoy a tres cuatrimestres de concluir con mis estudios y felizmente aprovechando el aprendizaje que trabajos como este me han ensenado.